Luz de Navidad

Termina la Navidad: época de celebrar, de albergar y expresar buenos deseos, lista de propósitos para el nuevo año y cómo no, de regalos; época en la que vestimos nuestras calles y casas de luz y color para festejar el nacimiento del hijo de Dios de la tierra, según la fe cristiana. Luces de todos los colores iluminan escaparates, árboles, terrazas, salones…

Iluminar. Me pregunto: ¿Para qué? Podría tratarse de una mera cuestión estética. Pero desde un lado funcional, damos luz cuando hay oscuridad. Para poder VER. ¿Qué habrá que ver?

En esta misma época, según los ciclos de la Naturaleza, llega el Solsticio de Invierno: nuevo cambio de ciclo y transformación bajo un entorno de frío, oscuridad, recogimiento… El latido de nuestra madre Tierra nos lleva a un cambio que invita al abrigo y a dirigir la mirada hacia un espacio interior. En antiguas tradiciones paganas, símbolo claro de renacimiento y renovación.

Más allá de teorías (más o menos demostradas) acerca de la conveniencia en hacer coincidir la Navidad cristiana con celebraciones paganas del Solsticio de Invierno, encuentro respuesta a mi pregunta al aplicar una visión integradora de ambos enfoques.

He aquí el fractal y sincronización con los tiempos que nos marca la propia Naturaleza: Quizás se trate de volcar todos esos buenos deseos hacia nosotros mismos y darles tanta luz como necesitemos. Iluminar ese lado más íntimo que nos cuesta ver para llevar a cabo este cambio, renovación… incluso con luces de colores que nos ayuden a perder el miedo a reconocernos también en esos actos, emociones y pensamientos que nos contraen, que rechazamos y no aceptamos como propios. Ese “otro yo”, esa otra versión de nosotros mismos que no nos gusta tanto pero que inevitablemente seguimos manifestando, aun no queriendo. En definitiva, dar luz a nuestra parte oscura del alma, esa que no queremos ver o reconocer la mayoría de las veces.

Como bien decía Chris Stevens en la maravillosa serie de tv Doctor en Alaska: “En cada ser humano hay un lado oscuro. Todos queremos ser Obi Wan Kenobi y en gran medida lo somos, pero también hay un Darth Vader dentro de nosotros. No se trata de que tengamos que elegir entre una cosa u otra porque estamos hablando de dialéctica, del bien y del mal que coexisten en nuestro interior. Podemos huir pero no escondernos. Seguid mi consejo, enfrentaos a la oscuridad, cara a cara y hacendadla. Como dice nuestro amigo Nietzsche, ser un ser humano ya es bastante complicado así que dadle un buen abrazo a la oscuridad del alma y gritad el eterno sí”.

¿Y cómo podemos dar luz, por dónde empezar? Al igual que la cura de una adicción pasa por el reconocimiento de la misma como primer paso, sólo podremos verNOS siendo sinceros con nosotros mismos respecto a lo que sentimos y pensamos:

La luz más preciosa es la sinceridad con nosotros mismos. Sin censura ni maquillaje. Sin auto justificación.

Especialmente cuando hacemos o pensamos algo de lo que no nos sentimos orgullosos. Y también para con aquello que etiquetamos como “error”, a nivel de acción o a nivel mental: cuando nos equivocamos en alguna acción o respuesta, cuando pensamos algo que “no deberíamos pensar” o sentimos emociones que “no deberíamos sentir”. Y una vez que identificamos ese pensamiento o emoción y lo reconocemos, ir a por ello: aceptarlo y vernos en él; en cierto modo, atravesarlo y abrazarlo. Aceptar que hemos actuado, sentido o pensado de esa determinada manera y reconocernos ahí también, tantas veces como ocurra. Sin juzgarnos por ello, pues entraríamos en un nuevo bucle que nos aleja y enmaraña de nuevo, que nos apaga la luz.

Lejos de ser doloroso, aunque en un principio así lo sintamos, es un camino de gran belleza y valentía.

Bello porque es un camino de continuo aprendizaje y enriquecimiento: detrás de cada uno de esos pensamientos, emociones o actos de nuestro “lado oscuro del alma”, durante esta travesía de observación e integración sin juicio, nos espera un potencial de crecimiento en esa misma línea que se despliega conforme avanzamos (conforme nos observamos) hasta que, finalmente, la “antigua” versión termina por disolverse.

Y valiente porque significa reconocernos en mucho de lo que detestamos, criticamos o nos causa dolor. Y sobre todo porque supone desnudarse ante uno mismo y ver nuestra propia debilidad, quedarnos sin esa coraza que nos protege ante otros, por mucho que no lo mostremos hacia fuera inicialmente… ¡esto sí que es salir de la zona de confort y lo demás son tonterías!

Por lo tanto, celebremos e iluminemos cuanto sea necesario para abordar esta travesía por el lado oscuro del alma, porque sin duda merece la pena.

Feliz y expansivo 2018

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